Textos Palabras en Movimiento '15
LA BÚSQUEDA DE UNA VOZ DE AUTOR , por Nathalie Remadi

El centro cultural Conde Duque acogió, del 2 a 5 de diciembre de 2015, el 29° Certamen Coreográfico de Madrid, que dirige desde su primera edición, la programadora y asesora Laura Kumin (EE.UU), y que se presenta como momento clave para la visibilidad de las nuevas tendencias artísticas de danza contemporánea en nuestro país.




La novedad de este año ha sido el enfoque pedagógico con varias actividades didácticas en relación con la danza, en paralelo al desarrollo del concurso: la participación de un instituto de educación segundaria en un proyecto de creación coreográfico Esto no es una selfie, la performance didáctica Explica Danza de Toni Jodar, y el taller Creando espacio para la Creación impartido por Guillermo Weickert (ChoreoRoam Europe). En continuación del año anterior, se propuso el taller de periodismo Palabras en movimiento dirigido a quienes deseen escribir sobre la danza, la presentación de solos en estado de germen Me, Myself and I, y compañías invitadas que este año fueron Alba Fernández y el israelí de renombre Sharon Fridman que cerró la 29° edición con la muestra de un fragmento de su último trabajo en proceso muy prometedor. 


Foto: Outline pieza finalista, David Guerra, Inés Narváez. Foto Daniel Guinda

Con actividades múltiples y un enfoque pedagógico, el Certamen trata de difundir el interés por la danza entre todos los públicos. Si la directora Laura Kumin defiende la idea que no sea sólo un evento para profesionales de la danza, desgraciadamente uno constata que los participantes tanto espectadores como artistas forman parte de un círculo reducido de la plataforma dancística madrileña.  

Por lo tanto, se buscan nuevos públicos y nuevos talentos. En 1987, Laura Kumin, junto a Margaret Jova, fundó el Certamen Coreográfico de Madrid, que dirige en solitario desde el año 2001 con el deseo de apoyar nuevas tendencias de danza contemporánea, buscar una voz de autor, creadores con un discurso y lenguaje propio.  Para el jurado este año, compuesto por Elisabetta Bisaro, Toni Jodar, Yvona Kreuzmannova y Jaciel Neri, no se trata sólo valorar el resultado en escena sino también el recorrido, posicionamiento del artista, su investigación y proyectos en el futuro. En esta última edición, pudimos apreciar la búsqueda de una identidad propia de los coreógrafos, sin embargo, el conjunto de las obras se enmarcaba en una cierta uniformidad. Casi todas las piezas tenían en común el formato de dúo, una temática social cotidiana, la trama conflictiva, la ausencia escenográfica y el minimalismo del vestuario y de la música.  

No vimos estilos propios innovadores a la excepción de la coreografía de Carmen Fumero, Eran casi las dos, que se llevó el Primer premio bien merecido, en la cual pudimos ver un lenguaje personal novedoso. Reconocemos la fisicalidad, la potencia y virtuosismo a nivel interpretativo en todas las piezas, pero contenido en un lenguaje contemporáneo común, plano, reconocible. ¿Dónde están las voces de autor? ¿Dónde está la vitalidad de la juventud creadora? La falta de fantasía, de energía positiva, de presencia alegre, en consonancia con los tiempos actuales, evoca una cierta desilusión artística, las dificultades de crear con recursos hoy en día para esta nueva generación de creadores. Se baila con pesadez, con fuerzas opuestas, con agresividad. Se ven cuerpos rígidos, casi deshumanizados como en la pieza muy destacable sin embargo de David Guerra que desafía las leyes de gravedad en Outline (Premio de la crítica). Resalta entonces el dúo juguetón con una pizca de humor y naturalidad teatral de Ricardo Millor y el joven Miguel Ángel Fernández (Premio del público) que transmitieron disfrute, riego e hicieron reír por fin a un espectador bastante apagado en la butaca del teatro.



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