Textos Palabras en Movimiento '15
CUANDO EL DISCURSO ES MOVIMIENTO (Y VICEVERSA), por Eloy V. Palazón

Ya son 29 ediciones las que lleva celebrándose el Certamen coreográfico de Madrid, un interesante foco de creación en el que siempre pueden verse algunos de los coreógrafos, que en un futuro no tan lejano, serán los principales nombres dentro del mundo de la danza contemporánea en España. El Centro Conde Duque ha sido el espacio que ha albergado el concurso, un evento que, además, ha ofrecido diferentes actividades en paralelo. Entre ellas, diez jóvenes creadores participaron en la sección Me, Myself and I, donde se pudieron ver propuestas de solo en estado de germen y en la que el proyecto de Natalia Fernández fue el más destacado. También dentro de estas actividades complementarias, el coreógrafo, actor y bailarín Guillermo Weickert impartió el taller Creando espacio para la creación y el bailarín-performer Toni Jodar, también parte del jurado de esta convocatoria, abrió el certamen con una exquisita conferencia performativa sobre la historia de la danza contemporánea.



La edición de este año 2015 ha continuado en la línea de sobriedad de las propuestas con respecto a años anteriores en cuanto a los medios escenográficos, pero también ha mantenido el alto nivel de los participantes. Dos sesiones maratonianas, con demasiados fallos técnicos, en las que 14 sugerencias han ido sucediéndose una tras otra, casi sin tiempo para digerirlas. Si bien la primera sesión estuvo dominada por las coreografías en las que la palabra tomaba protagonismo, en la segunda fue I noticed, de Samuel Déniz, la única propuesta en la que el movimiento compartía primer plano con el texto. Si la música es a veces escogida por un coreógrafo como mero medio, como soporte sonoro al movimiento, el texto suele aparecer como una capa auditiva adicional que requiere de mayor atención intelectual que la música. En esta línea estaban las obras de Julia Maria Koch, Charon, Alba G. Herrera, Salida de emergencia, Itsaso Álvarez Cano, Nu2, y la de los alicantinos Ricardo Millor y Miguel Ángel Fernández, La luz de mil fuegos proyecta sombras confusas, la única que pasó a la final. Del resto de coreografías, aquellas carentes de texto, A sweet hello, de Nicolas Ricchini y Nadine Gerspacher, Downtango, de Lucía Marote, y Drop, de Victoria P. Miranda, no pasaron a la segunda y última fase del concurso.

La final, celebrada el viernes entre los nervios por los premios y el alivio por acabar con la tensión de un proceso así, encumbró la coreografía, basada en la obra del poeta japonés recientemente rememorado Mishima, Eran casi las dos. Los jóvenes Carmen Fumero y Miguel Ballabriga bailaron esta propuesta que, además de llevarse el primer premio dotado con 5000 euros, fue galardonada con varias residencias. Junto con ésta, David Guerra y su Outline y Aiala Echegaray Mendiguren con Play participaron en la velada final por ser las más premiadas, gala que quedó clausurada por la compañía de Sharon Fridman, que permitió ver parte de lo que va a ser su nuevo trabajo, TACT in progress, un paso a tres con bastante contact, donde el contacto físico entre los bailarines es el principio de todo movimiento, algo ya común en las obras de la compañía. La de Fridman fue una de las dos compañías invitadas, junto con la de Alba Fernández, Los Hedonistas, residente en la Compañía Nacional de Danza y premio Me, Myself and I del año pasado, que pudo mostrar los resultados de su trabajo en la final del concurso, el viernes.










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